Primera Parte: Reconociendo
Tengo tantas ideas en la mente y sentimientos en el pecho que ya me empiezo a abrumar.
No sé precisamente en qué momento perdí el control de lo que pienso y siento, ahora es todo con mayor intensidad. He llegado a pensar que se debe a la serie que estoy viendo. Todo ahí es tan radical, trágico y profundo, por momentos diría que excesivamente espontáneo. Esta opción la tengo en consideración por algo de lo que me percaté.
En esta serie ingieren mucho licor y de un momento a otro tuve ganas de tomar vino, saborear lo amargo de la uva, sentir la aspereza en la garganta, la lengua y los labios teñidos, los ojos brillantes y la mente nublada. Si de cierta forma me vi influenciada a comprar una botella y beber un sábado a las 10 de la mañana, ¿por qué mi mente no creería que el drama continúa al finalizar los cuarenta minutos de cada episodio? No tengo respuesta para esto, obviamente, pero sí tuve una gastritis de una semana por querer sentirme así.
También he considerado la opción de la pandemia, y no, no es un justificativo trillado. El encierro, el encuentro con la fragilidad, la ruptura de la rutina; todos sabemos lo que está pasando y nos hemos visto afectados. A algunos les ha dado por cocinar, pintar, bailar o hacer música. Unos han sido tan atrevidos que han hecho las cuatro y más; a otros nos dio por pensar y sentir demasiado.
Ya sea por trasladar la serie a mi realidad, efecto de la cuarentena o cualquier otra razón -que de seguro mi psiquiatra ya sabe- estos días he dudado acerca de mi inteligencia emocional, cuestionado todo y a todos, a mis padres, mis relaciones pasadas y futura (s), mi trabajo, los pasos que he dado y los que no di. He dado vueltas a asuntos que pasaron hace meses o hace una hora, analizado la semántica y sintaxis de mensajes recibidos en Whatsapp y, por supuesto, he estructurado discursos que a más de uno harían caer de espaldas, los cuales probablemente nunca sean escuchados. Esto es como exponer a mi mente a más de 100 milisievert en 45 días, muy dañino y si continúo a ese ritmo seguramente dejará lesiones.
Las ideas aparecen de cuando en vez y también arrebatan mi sueño. La imaginación empieza a hacer de las suyas, crea situaciones mágicas, recrea encuentros, inventa personajes, arma diálogos, reproduce sensaciones, aflora sentimientos. Empiezan a aparecer colores, olores, palabras, todo se mezcla y veo una idea. Una idea para escribir. Sigo pensando, ideando. Comienzo a sobre pensar, la ansiedad ya ni siquiera toca el timbre, entra a la casa directamente e inicia una nueva jornada de saboteo. La idea fue abortada sin siquiera ser concebida. ¡Pobre!
Además de estar saturada mentalmente, mi cuerpo empieza a agotarse. Creo que mis hombros se han llevado la peor parte de este período, la cabeza me duele unas tantas veces a la semana y las piernas me pesan más que la conciencia. El miedo hizo nido en mi tórax, cerca del abdomen, lo siento despertar todas las mañanas al lado del diafragma. En ciertas oportunidades mi corazón se acelera sin ningún tipo de esfuerzo físico y en otros momentos las lágrimas se presentan sin previo aviso.
El cigarro ha sido mi bff, ahora comprendo a Ana Gabriel. Un amigo una vez me dijo que un cigarrillo te puede ayudar a romper el hielo o hasta tener la mejor conversación de tu vida. A mi parecer es demasiada responsabilidad para un cilindro de papel que probablemente nos causará cáncer. Sin embargo, estos días he tenido muy buenas y dolorosas conversaciones conmigo misma mientras quemo el dinero y mis pulmones se llenan de nicotina y alquitrán. A mi ansiedad no le gusta esto porque considera que pierde protagonismo, a mi sistema respiratorio tampoco le agrada pero no he recibido queja formal hasta el momento.
Gracias a estas charlas internas que me han permitido reconocer las situaciones, explorar y afrontar temores, junto con la motivación de otro buen amigo que en la distancia ha sabido estar presente, he decidido que mis dos grandes compañeros de estos tiempos, donde el sentir y el pensar sobrepasan mi metro cincuenta de estatura, empiecen a producir algo.
Con cierta curiosidad y siendo este una especie de experimento doloroso pero necesario para evitar terminar de perder la cordura. Mis miedos, ansiedades y yo empezaremos algo que hace más de siete años no hago: escribir sin que me paguen. Escribir lo que siento y pienso, sin estrategias ni objetivos comerciales. Sin buscar generar el engagement de nadie.
Así que aquí estoy enfrentando a mis demonios, intentando trasladar todo lo que ocurre en mi mente e imaginación al papel (o pantalla), apostando a que todo esto no me consuma el alma, esperando despejar un poco la bruma de pensamientos y sentimientos que me exceden.
No pretendo darte historias fantásticas ni hacer tus días menos pesados, mucho menos ofrecerte consejos, respuestas o divertirte; aquí encontrarás narraciones personales, los hechos pueden ser verdaderos o inventados, ni te desgastes con eso, todo es real para mí.
Esto será desde mi percepción y opinión, inspirados por una ansiedad inclemente que desata temores y me confronta internamente. Habrá poemas dedicados a las tajadas o fuentes de agua, crónicas desesperadas, quizás algunos relatos eróticos, cuentos con menos química y alguna que otra reflexión de este proceso.
Bienvenido (a) a este carrusel de emociones y letras desesperadas por salir de mi cabeza.
Comments
Post a Comment